Con alto contenido proteico, bajo impacto ambiental y eficiencia productiva, este insumo ya se consume en varios países.
La harina de grillo, con hasta un 70% de proteína altamente digestible, gana terreno como alternativa sustentable a la ganadería tradicional. Se produce a partir del grillo doméstico (Acheta domesticus), cuya cría requiere menos agua, espacio y tiempo: un ciclo completo dura menos de dos meses y puede realizarse íntegramente en un solo establecimiento. A diferencia de otros insectos, el grillo tiene buena aceptación por su perfil nutricional y sabor suave, similar a la nuez tostada.
Aunque en Argentina su uso para consumo humano aún no está habilitado, empresas como entoHarinas Argentinas SAS ya producen harina de grillo para alimentación animal. En países como Tailandia, Canadá y España, su incorporación en alimentos como galletas, panes y mezclas proteicas es una tendencia en crecimiento, en línea con modelos de economía circular: los grillos pueden alimentarse de residuos de frutas, como los orujos de pera y manzana, y no generan gases de efecto invernadero como el ganado bovino.