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Milei tiene viento de cola como en los 2000, pero es otro el plan

Argentina atraviesa en 2026 el mejor nivel de términos de intercambio desde que el INDEC empezó a medirlos en 1986, superando incluso al famoso «viento de cola» de los 2000, y se encamina a cerrar el año con un superávit comercial de más de US$ 20.000 millones.

La mejora responde a varios factores: el precio de la energía subió por las tensiones internacionales y Argentina, gracias al crecimiento de Vaca Muerta, pasó a tener superávit energético; a la par, la soja volvió a valores altos impulsada por las compras de China y las condiciones productivas en Estados Unidos. El resultado se refleja de lleno en la balanza comercial, favorecida además por sectores importadores que siguen con poca actividad.

Sin embargo, el impacto en la economía real es muy distinto al de aquel ciclo 2003-2012: mientras entonces el PBI por habitante crecía en promedio más del 5% anual, en los últimos tres años ese crecimiento fue de apenas 1,7%, con dificultades en empleo y salarios. Parte de la explicación está en el destino de los dólares —hoy compiten con ellos el pago de deuda y la demanda de ahorro y viajes, algo mucho menos relevante dos décadas atrás— y en el cambio de política económica: la prioridad actual es el equilibrio fiscal y la baja de la inflación, en contraste con la expansión fiscal que caracterizó a los 2000.

También cambió el motor de la economía: el esquema actual está más apoyado en sectores exportadores, con Vaca Muerta como protagonista, mientras el consumo interno tiene un rol mucho menor en la recuperación. El viento de cola volvió a soplar, pero lo hace sobre una economía distinta.