En Argentina, tirar alimentos aptos para el consumo puede resultar más barato que donarlos: en 2025, unos 73 millones de kilos quedaron fuera del circuito de consumo, con pérdidas estimadas en más de $ 370.000 millones.
Buena parte corresponde a lácteos, fiambres y alimentos refrigerados que los supermercados y autoservicios dejan de vender por razones comerciales aunque todavía pueden consumirse. Según advierte la red de Bancos de Alimentos, una parte de la explicación es impositiva: cuando una empresa dona, puede perder la posibilidad de computar el crédito fiscal de IVA vinculado a la elaboración del producto, mientras que en ciertas situaciones de descarte ese crédito puede conservarse. A eso se suma el costo logístico, ya que los alimentos deben recuperarse, clasificarse, almacenarse y transportarse, y en el caso de los refrigerados mantener la cadena de frío.
Argentina cuenta con la Ley Donal, que establece un marco y brinda protección jurídica a las empresas que entregan alimentos aptos, pero los bancos de alimentos reclaman completar el esquema con incentivos económicos. Colombia, Uruguay, Brasil y México ya incorporaron mecanismos tributarios para que donar no quede en desventaja frente a descartar, que van desde tratamientos especiales del IVA hasta deducciones impositivas y beneficios para quienes recuperan alimentos.
