Más de la mitad de los menores de 30 años en Argentina utiliza aplicaciones de citas como Tinder, Badoo, Bumble o Happn, que operan sobre grandes bases de datos con información declarada y conductual de sus usuarios. Estas plataformas recopilan datos sobre edad, preferencias, hábitos e interacciones, que luego se transforman en algoritmos de compatibilidad. En el caso de Happn, su diferencial histórico fue la geolocalización —basada en tecnología de Foursquare— que permite vincular personas que se cruzaron físicamente en la vida real y comparten intereses compatibles.
La incorporación de inteligencia artificial generativa abre una nueva etapa en el negocio. Funciones como “Perfect Date” buscan sugerir lugares concretos para una cita según personalidad, gustos y ubicación, intentando transformar el “match” virtual en encuentro real. El modelo de monetización sigue siendo freemium, combinando acceso gratuito con suscripciones pagas que pueden oscilar entre 10 y 25 dólares mensuales para obtener beneficios adicionales. En un mercado que priorizó durante años el volumen de interacciones, la IA promete un giro hacia la calidad de los vínculos, aunque plantea una paradoja: la aplicación más eficiente sería aquella que logre que el usuario deje de necesitarla tras encontrar pareja.
