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Más blancos y rosados pide el mundo: la oportunidad para el vino argentino

El consumo mundial de vino muestra desde mediados de los años 2000, y con mayor fuerza en los últimos años, un cambio sostenido hacia opciones más ligeras y frescas, con menor graduación alcohólica.

Esta tendencia favoreció a los vinos blancos y rosados frente a muchos tintos tradicionales, en línea con estilos de vida más saludables y comidas más livianas. En ese contexto, las exportaciones argentinas reflejan el fenómeno: entre enero y octubre, el volumen total de envíos cayó 5,1% interanual, con una baja de 6,2% en los vinos tintos, mientras que los blancos lograron mantenerse estables.

Los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura muestran que los vinos blancos exportados superaron los 22 millones de litros y representaron el 18% del total. Aunque el malbec sigue dominando las ventas externas con más del 70% del volumen, variedades blancas como chardonnay, torrontés riojano y sauvignon blanc ganan espacio en el ranking. El cambio generacional, junto con la expansión de la cultura del “wellness” y la búsqueda de moderación en el consumo de alcohol, abre una oportunidad para que el vino argentino diversifique su oferta y capitalice una demanda global cada vez más inclinada hacia blancos y rosados.