Teletrabajo, una tendencia que ahora es modalidad

Abr 2, 2020

Como toda crisis, el corona virus ha puesto a las organizaciones y a las personas que en ellas trabajamos ante la gran oportunidad de explorar y profundizar en la práctica del teletrabajo o home office. Antes de esta situación se calculaba que aproximadamente entre un 25 y 30 por ciento de la población económicamente activa a nivel mundial utilizaba esta herramienta, sobre todo las economías más desarrolladas.

La coyuntura global ha hecho que muchas organizaciones, hasta ahora reticentes a su implementación, estén venciendo rápidamente ese desconocimiento o miedo al cambio de esta alternativa.

En nuestro país, la posibilidad de experimentar una pérdida de control presencial de los colaboradores fue y es el motivo que dilató su aplicación. Mal que por bien no venga; ojalá no fuera este, la pandemia está adelantando esta tendencia acompañada por las ventajas que nos facilitan las tecnologías de aplicación.

En estos días, muchos colaboradores se sienten más seguros y cuidados al utilizar esta posibilidad, lo que genera mayor compromiso y sentido de pertenencia en los proyectos que participan. Pero más allá del presente, el teletrabajo nos pone de cara al futuro con sus bondades y desafíos a la hora de utilizarlo; no por una cuestión coyuntural, sino como una modalidad permanente que viene para quedarse.  

ENTRENANDO EL NUEVO HÁBITO

Previo a la aplicación de esta herramienta cada Organización debe analizar las tareas de cada posición, ya que no todas aplican y permiten su utilización de manera total o parcial. Si bien al principio nos puede llegar a parecer como un “sueño” el trabajar desde nuestra casa, está claro que no es “estar de licencia con la compu en casa”; sino que, implica un cambio en nuestros hábitos y más temprano que tarde vamos a empezar a descubrir distintos aspectos que deberemos trabajar y entrenar para que nos ayuden a sacar provecho de su correcta utilización.

Reglas claras conservan el clima familiar

A través del diálogo es importe acordar con los otros miembros de la familia algunas pautas a la hora trabajar en casa. En las oficinas generalmente están bien definidos los espacios y manera de compartir un mismo ambiente para ese fin. Pero ahora estoy en “mi casa”, con todo lo que eso significa y tengo que compartir “mi oficina” con mi pareja, hija/o y las mascotas. Por lo que será clave consensuar algunos acuerdos familiares de cómo compartir el mismo lugar donde vivimos, pero ahora como espacio de trabajo (horarios, distribución de lugares en común, uso del wi-fi) y así achicar la brecha de posibles conflictos.

Paciencia y empatía

Principalmente al comienzo, es importante trabajar nuestra paciencia y empatía, no solo para con nosotros mismos, sino también con el resto del grupo familiar y mis otros compañero/as de la organización que trabajan conmigo en la misma modalidad, que probablemente pueden encontrarse igual o más “confundidos” en un comienzo y sienta sus intervenciones como desubicadas, fuera de lugar e inoportunas.

Objetivos claros y administración del tiempo

Organizarnos implica ver cómo voy a administrar mi horario en relación a las tareas que hago, conocer qué  herramientas tengo y considerar la capacidad de banda ancha que dispongo para conectarme en red. Es importante acordar con mi líder y el equipo de trabajo cuáles son los objetivos durante el día, con qué tareas me comprometo; como así también, pautar los horarios de almuerzo y breaks para que todos estén al tanto de nuestra disponibilidad.

Comunicación Efectiva

Realizando homeoffice vale preguntarse: “¿en esta situación es mejor mandar un mail o un whatsapp?”, “¿cuánto es el tiempo adecuado de respuesta?”, “¿cuándo y cada cuánto es conveniente reunirnos de manera virtual?”. Como líder implica estar atentos a la comunicación e involucramiento de todos los miembros del equipo, saber cómo están, qué necesitan; pero trabajando la confianza y profundizando las habilidades de contacto emocional.

Breaks

Los cortes que hagamos también es un punto a tener en cuenta; al igual que en la oficina, por más que estemos en nuestra casa, hacer pequeños cortes de 5 a 7 minutos cada dos horas o dos horas y media. Es una manera de relejarme y recargar energía, ya sea saliendo al patio de casa, el balcón, respirar profundo, mirar por una ventana o hacer estiramientos corporales.

Somos seres sociales

De acuerdo también a la personalidad de cada trabajador es importante no perder el contacto social (más allá de este contexto, ahora disminuido por cuestiones sanitarias), el “contacto humano”, mis actividades de relacionamiento social y que no se torne mi vida totalmente “on-line”. Una vez culminado el contexto actual, podremos ir acordando distintos encuentros laborales de manera presencial.

También los aspectos psico-ambientales pueden llegar a ser de utilidad, en la medida que esta herramienta esté asociada a la imposibilidad de contacto social. En esto es importante tener dos consideraciones más como recomendación:

Hábitos de aseo personal

Es recomendable que conservemos nuestros hábitos de aseo personal por la mañana, como cuando íbamos a la oficina y de acuerdo a cada persona: lavarse las manos y la cara, peinarse, afeitarse, maquillarse, perfumarse, no deben dejar de realizarse a su medida.

Vestimenta

Si bien al principio puede ser tentador trabajar en pijamas desde nuestra casa, es aconsejable vestirnos cada mañana; incluso como si fuéramos a ir a la oficina o lugar de trabajo. Si en mi empresa uso uniforme, quizás no haga falta ahora, pero si pensar que ropa me gustaría ponerme adecuada con la cultura de mi empresa y vestirme de esa manera.

Estas sugerencias, además de ayudarnos a incursionar debidamente en el mudo del teletrabajo, nos ayudarán a acompañar el proceso de cuarentenas. Nos sentiremos activos y con hábitos de relacionamiento social, lo cual nos ayudará a disminuir la posibilidad de trastornos de ansiedad por la falta del contacto presencial con otras personas, más allá de nuestro círculo familiar.

Share This