Un informe de IDESA sostiene que la ley de etiquetado frontal contribuye a reducir el consumo de nutrientes asociados a la obesidad y otras enfermedades, aunque plantea la necesidad de perfeccionar el sistema para brindar información más precisa a los consumidores.
La Ley de Etiquetado Frontal de Alimentos volvió al centro del debate a partir de iniciativas que buscan derogarla. Sin embargo, un análisis elaborado por IDESA (Instituto para el Desarrollo Social Argentino) concluye que la normativa representa una herramienta útil para enfrentar uno de los principales problemas de salud pública: la obesidad y su vínculo con enfermedades como la hipertensión, la diabetes y los trastornos cardiovasculares. El sistema, vigente en Argentina desde 2021, utiliza sellos de advertencia para alertar sobre excesos de azúcar, sodio, grasas y calorías, con el objetivo de facilitar decisiones de consumo más informadas.
El informe toma como referencia la experiencia de Chile, donde el etiquetado frontal comenzó a aplicarse en 2016. Según diversos estudios relevados, el consumo de sodio agregado se redujo cerca de un 27%, el de azúcar un 18% y el de grasas saturadas un 19%. Además, muchas empresas reformularon productos para disminuir estos nutrientes y evitar los sellos de advertencia. No obstante, el trabajo también reconoce limitaciones del sistema actual, especialmente por su carácter binario, que clasifica los alimentos simplemente como altos o bajos en determinados nutrientes sin reflejar diferencias de intensidad. Por ello, la recomendación es avanzar hacia esquemas más precisos y graduales que mejoren la información disponible para los consumidores, en lugar de eliminar una herramienta que ha mostrado resultados positivos sin afectar significativamente la actividad productiva.
