La tecnología está impulsando una nueva ruralidad: cada vez más jóvenes profesionales eligen volver al campo o desarrollar allí proyectos productivos, apoyados en internet, redes sociales y herramientas digitales que reducen el histórico aislamiento.
El cambio también modifica la forma de producir y vender. Los pequeños productores pueden comercializar directamente al consumidor, ofrecer turismo rural o complementar sus ingresos con trabajos remotos, mientras crecen los llamados influencers rurales que muestran en redes cómo es la vida y el trabajo en el campo.
El desafío sigue siendo la rentabilidad, condicionada por el clima, los costos y el consumo interno. Pero para una nueva generación, la tecnología hizo posible que el campo deje de ser un lugar del que había que irse y se convierta en una opción para volver.
